domingo, 8 de febrero de 2009

VENDAVALES



Masas de aire que se agitan
que se mueven tras la frontera del tiempo
y que te arrullan en su regazo
como si la vida se parara un momento.
Legado de un pasado que se derrite
que cuida de que de ello te empapes
y no se pierda después de que eso
te sumerja en el profundo abismo
de los recuerdos.
Pero, ¿qué seríamos sin ellos?
Acaso se puede, de un minuto a otro,
prescindir de lo vivido
como si jamás hubiera ocurrido.
¿De qué materia estamos hechos?
¡Si con cada uno removemos
un lado de lo pasado, sin pasarlo de nuevo!
Hay que ver, cuanta complicación
nos buscamos los humanos para transmitir
los sentimientos...
Con lo fácil que es decir un: ¡Te quiero!
Y, ¡ay! que damos vueltas y vueltas
y lo pensamos con detenimiento
y mientras cavilamos en como decirlo
se escapan esos momentos de compartimento.
Vana ilusión entonces,
que se lleva el vendaval del tiempo.
Como otros vendavales que acuden,
prestos a jugar con las horquillas
de nuestro cerebro,
y de sus circunloquios menos llevaderos.

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